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Sobre la absurda costumbre de coleccionar libros antiguos PDF Imprimir E-Mail

 Portada Dombey and son  Entre el mes de Octubre de 1846 y el de Abril de 1848 se publicó, en diecinueve entregas de periodicidad mensual, la séptima novela de Charles Dickens: Dealings with the Firm
of Dombey and Son.
Cada una de las dieciocho primeras entregas tuvo un precio de un chelín, pero la última costó dos chelines, pues se trataba de una entrega doble (cuatro capítulos, en lugar de los dos habituales en las entregas anteriores.)

Fue la primera novela que Dickens publicó con sus nuevos editores, Bradbury and Evans, y no puede decirse que éstos quedasen descontentos con las cifras de venta. Desde las primeras entregas se llegó a los 40000 ejemplares; los mismos editores publicaban al mismo tiempo (¡qué momento para las grandes novelas!) Vanity Fair, de Thackeray, con unas ventas mensuales de 5000 ejemplares. Una vez terminada la publicación serializada, como era costumbre, se imprimió en forma de libro.

La primera tirada de la primera edición contiene una curiosa errata, corregida en tiradas posteriores, en la última línea de la página 324:

“The Chicken?”, said the Capatin.

Capatin. Un baile de dos letras capaz de provocar una emoción incomprensible a quien, tocado por el veneno que se esconde en los libros antiguos, lo encuentra agazapado en un volumen polvoriento de una añosa estantería de madera. Porque sabe que ese libro es, en realidad, un superviviente, un enviado de otro tiempo que nos recuerda que existieron unos Bradbury and Evans, con oficina en Bouverie Street, y que de esta oficina salió uno de esos ejemplares (quizá el mismo que tiene entre sus manos el probable comprador) para ser revisado por el propio autor, un Dickens en la cumbre del éxito que ya escribía su siguiente historia: David Copperfield.

Quedan ya muy pocos de aquellos volumenes. De los miles de ejemplares impresos (¿dónde? ¿cuál fue la imprenta? ¿quién los encuadernó?) se conservan apenas unas docenas repartidos por el ancho mundo. Han conocido el reinado y la muerte de la eterna reina Victoria, el apogeo y la decadencia de un imperio, dos guerras mundiales… Quizá han permanecido siempre protegidos en la oscura biblioteca de una vieja mansión; quizá han conocido diferentes propietarios, traslados, casas de distintas épocas en los que han sido arrinconados sucesivamente a un costado de la radio, de la televisión, de la pantalla del ordenador…

Encontré uno de estos libros hace apenas dos meses. Comprobé la página 324. Capatin. Lo compré, no sé cómo. No lloro nunca. Pero me emocioné, y tardé varios minutos en deshacer el nudo en la garganta.

Algunas personas, no demasiadas, entienden por qué.

Ilustración Dombey and Son

 

 
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