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Amigos en Ciudad de Méjico PDF Imprimir E-Mail

 Catedral y Plaza del Zócalo  Nuestros amigos José y Clara nos cuentan su viaje a la populosa y desbordante Ciudad de Méjico. Y, además, se ponen el traje de reporteros y cámara en ristre pasean entre los seguidores de López Obrador, que en el momento de su viaje tomaban las calles del centro.

 

 

La ciudad de Méjico es un reto para el viajero europeo. Es una ciudad antigua -fue fundada en el año 1325-, pero inmediatamente salta a la vista que todo está por hacer. Desde las aceras hasta los servicios públicos. Esta ciudad se construyó sobre un terreno arrebatado a un conjunto de lagos, aunque su extensión actual incluye todo el valle en derredor. Desde hace dos años se nota mucho el aumento de la seguridad en las calles, sin embargo es recomendable, a partir de la caída del sol, ir acompañado por un nativo o en grupo. Por todos lados existen puestos de frutas y comida. Les recomendamos elegir un establecimiento antes que estos puestos, pero su éxito llamará poderosamente la atención al viajero lento. No olviden pedir unos “huevos divorciados” o, por supuesto, unos tacos en cualquiera de los establecimientos especializados.

  Paseantes en la Plaza del Zócalo  Es imprescindible la visita al Museo Nacional de Antropología – tanto por el edificio en sí, como por la soberbia colección prehispánica- y gastar una tarde caminando por Paseo de la Reforma y Chapultepec. Allí el viajero encontrará tiendas, museos, hoteles y todo lo habitual de una gran urbe. Si el viajero coge un taxi – según los datos del municipio circulan más de 50.000 diarios- es preferible que se pida directamente en el hotel o en paradas autorizadas. No lleve mucho dinero encima y el que porte llévelo debidamente fraccionado.

 

  Calle de los Muertos en Teotihuacan Cerca de la ciudad, a unas decenas de kilómetros, se encuentra la ciudad sagrada de Teotihuacan.

Allí podrá visitar las pirámides del Sol y la Luna. Su ascenso es una experiencia única. A la puerta del recinto puede usted contemplar a Voladores de Papantla. Estos hombres son indios Totonacos que, en número de cuatro, llevan a cabo rotaciones alrededor de un poste, con la ayuda de una cuerda amarrada a su cuerpo. Realizan trece vueltas cada uno – el número de meses del calendario Maya- en el sentido inverso a la rotación del mundo, con lo que consiguen equilibrarlo.

 

 

  Voladores de Papantla En la cumbre de las pirámides encontrará a decenas de personas invocando la energía de aquel lugar mágico. Vaya bien protegido del sol, con sombrero, manga larga y un protector solar. Se distingue claramente a los occidentales del resto cuando se sale de allí por la rojez de la piel que, en cuanto llegue al hotel, se convertirá en quemadura. Un consejo aquí. Dentro del recinto decenas de vendedores le ofrecerán figuras de obsidiana. Regatee. Regatee siempre. Conseguirá grandes descuentos. En las tiendas de la entrada puede usted encontrar algunas de las figuras y objetos que habrá visto antes en el Museo de Antropología a mejor precio que allí.

En las épocas de lluvia –Agosto- suele diluviar cuando el sol cae. Resguárdese y deje pasar el chaparrón. Luego pasee por la ciudad. Encontrará que todo huele distinto.

 

Los españoles hablamos muy deprisa y con un tono de voz muy alto –agresivo- para los mejicanos. A ellos puede molestarles, por lo que es recomendable pensar que estamos en casa ajena. Su amabilidad y buen trato les recompensará por el esfuerzo.

  Curiosa advertencia  Alquilar un coche y visitar la ciudad puede ser muy divertido, pero hay que tener una paciencia de otra época. En Méjico DF un kilómetro pueden ser, sin mucho atasco, dos horas de coche. Mejor pasee. Pero si va a ir lejos no le queda más remedio que coger el coche o el taxi. No le recomiendo que use el autobús. Suelen ser viejos, incómodos y siempre están llenos de gente.

 

En la plaza Garibaldi puede usted, por unos pesos, pedir a los mariachis que le canten una canción a su pareja. Si ve a españoles o argentinos haciendo sus pinitos al lado de ellos no se preocupe. Esa gente tiene un aguante increíble – y nuestros queridos compatriotas una desvergüenza descomunal.

  Estudio de Frida Kahlo

Si tiene tiempo visite la casa de Frida Kahlo – la Casa Azul- y el estudio de Rivera. Le sorprenderá la frescura y actualidad de la arquitectura del estudio y el calor de hogar de la casa, a parte de conocer la intimidad de dos personajes míticos de la cultura mejicana. Luego de un paseo por los barrios en donde se encuentran cada uno de esos edificios. Le sorprenderán los cafés y las tiendas, muy alejado del bullicio de lo turístico.

   Estudio de Diego Rivera

Conozca a gente del lugar. El gran tesoro de México es su gente, pero no desespere por su melosidad y lentitud, una riqueza que los europeos perdimos para nuestra desgracia. Dé un paseo por el Zócalo. A su alrededor puede usted encontrar edificios increíbles y locales de comidas y comercios de plaza que harán la delicia del viajero.

                       Reforma tomada por seguidores del PAN
 

 
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