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Nacho y Pilar, excelentes amigos e incansables viajeros, nos cuentan en un Diario los pormenores de su periplo por Europa, el primer verano después de decidirse a compartir mucho más que los viajes. Y con el texto, unas doscientas fotos (no incluimos todas, pero sí todas las mejores.) 
DIARIO DEL TOUR POR EUROPA. 24- JULIO- 12 AGOSTO DE 2006. “NUESTRO PRIMER VERANITO DE CASADOS”
24- JULIO. LUNES: Salimos con la fresca a las 9.45 (cuando dijimos de salir a las 9). El motivo (suficientemente justificado): Nacho no ha pegado ojo en toda l noche por el calor del horno crematorio en el que vivimos, asfixiante; Pilar, sin embargo, ni siente ni padece. Encantada, duerme sus ocho horitas y va dispuesta a seguir ampliando la franja de sueño en el coche (je, je, luego fui buena y no me dormí). Salimos rumbo a Pamplona, con la idea de llegar a eso de las 7 de la tarde por lo que decidimos tomárnoslo de forma relajada. Paramos a ver algunos pueblos que no merece la pena ni nombrarlos (acabamos por no bajarnos del coche). Donde sí hicimos parada (y mereció mucho la pena) fue en Olite (yo quise ver Tudela pero nuestra amiga Marta, inseparable compañera nuestra en este viaje, nos llevó por otra ruta; así que me conformé con Olite, que nos encantó). Castillo de los Reyes de Navarra, Iglesia de Sta María (gótica, preciosa), un parador con muy buen aspecto y la Iglesia de S. Pedro, también gótica.  Después de un paseico a 40 º a eso de las dos de la tarde, volvimos a coger el coche rumbo a Iruña. Comimos de camino en la carretera en un sitio en el que habían contratado a tres camioneros con sus respectivos vehículos para despistarnos y que nos pensáramos que en aquel sitio se comían barato y bien. Esto último sí pero lo de barato…, bueno mereció la pena, comimos muy bien. De ahí, de nuevo al coche y en Pamplona estábamos a eso de las 4 ; buena hora para hacer turismo. Lo primero, ir a la calle Estafeta y hacer el recorrido de los pobres toricos que en los San Fermines salen en los encierros. La verdad es que me resulta curioso ver la afición y la tradición tan arraigada de los pamplonicas. Nacho, emocionado, hace fotos a todos los carteles explicativos de los encierros que pillamos al paso. Después de esto y de alguna comprita de camisetas, vamos a la Plaza Mayor (enorme, porticada en una parte, cuadrada), de aquí a una oficina de turismo donde nos recomiendan un recorrido básico par el poco tiempo con el que contamos. Una foto en la casa consistorial desde donde se da el chupinazo de las fiestas y de ahí tiramos hacia la catedral, la zona amurallada de la ciudad, y la zona medieval. Un detalle que nos llama la atención es que hay mucha gente “quedada”, mucho alcohólico por las calles. De aquí salimos rumbo a Aranguren, donde nos alojamos en Casa Jáuregui. La población asciende a la escandalosa cifra de 7 familias, qué barbaridad!. Pueblo lleno de perros. La casa muy chula (era un antiguo palacio del siglo XVI), compartimos estancia con unos holandeses y con unos chilenos. Es prácticamente nueva, tiene dos años. Tenemos cocina abajo pero no hacemos uso de ella. Tras una ducha que nos vuelve a cargar las pilas, vamos a dar un paseo por el pueblo. Pensamos ir a cenar a Pamplona pero estamos tan cansados que preferimos quedarnos allí y cenar los bocatas que yo había hecho en Madrid. Y así acaba nuestro día, charlamos con un señora encantadora, de 82 años, que está como una de 60, y nos metemos en la “camita buena” a la hora prometida (22.30). Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las 8.30. 25- JULIO, MARTES: A las 9.30, después de cargar el coche con mi estupenda maleta de 35 kilos, que al pobre de mi marido le toca subir y bajar por una mini escalera, un merecido desayuno; madre mía, sabíamos que iba a ser el último desayuno en condiciones por lo que lo probamos todo: zumo de naranja natural, café con leche, un bizcocho casero, tostadas con jamón serrano, queso, mermelada y mantequilla, ah! y aceite de oliva, por supuesto. Nos supo a gloria bendita, y con la tripa llena nos ponemos en marcha rumbo a Roncesvalles. Paisaje precioso, de camino vemos millones de ciclistas, con unas piernas como tres veces las mías, subiendo todos los pirineos…, que campeones! De Roncesvalles lo mejor es la Colegiata y el enclave en el que está. Vemos el antiguo hospital de los peregrinos y subimos al monumento a la Chanson de Rolan (romance medieval en el que los franceses hablaban de la derrota sufrida por su ejército ante los árabes, aunque realmente fueron unos cuantos vascuences los que les derrotaron, no podían reconocer la derrota ante estos rivales…, desde entonces su prepotencia) De aquí, mandamos a Marta que nos lleve hasta Bayona, a la playita. Después de dar alguna vuelta que otra al final nos encontramos y llegamos a una playa muy chula, llena de surfistas (hace mucho aire). Nacho prefiere no bañarse y dedicarse a una de sus tareas preferidas , después de dormir, claro: inspeccionar la zona y al personal. Comemos después en un McDonald (nuestros primeros chapurreos con el francésglish). Pretendemos ir a Burdeos pero cuando en el GPS metemos nuestra ruta nos hace un recorrido de un porrón de horas que nos iba a hacer que llegáramos muy tarde a nuestro próximo destino, Saintes, donde habíamos reservado en el albergue y teníamos que llegar antes de las 6. Decidimos coger el peaje y así llegar antes. Hay que decir que los franceses nos parecen muy disciplinados en la carretera, no pasan de 130 Kms/hr. Otra cosa que nos llama la atención es que las carreteras no son muy buenas, y eso que vamos por una autopista!, en esto les damos 1000 vueltas!!! Llegamos por fín a Saintes. El primer contacto el albergue…, fue bueno hasta que vimos la habitación, 4 literas con camas de enanito y baño compartido con un francés extraño que en el baño tenía una montada con 4 baterías de coche recargándolas y que despedía un olor un poco desagradable…, hay que decir que en este viaje se está poniendo en práctica nuestro sentido de la adaptación a todos los ambientes…  Una duchita después de fumigar el baño con colonia Hugo Boss y…a hacer turismo por Saintes!!!, primero a la Abadía (la teníamos en el propio albergue, a las puertas, luego al Arco del Triunfo (muy antiguo), un paseo por las calles viendo las casas todas iguales (blancas, con contraventanas, pasadizos que comunican unas calles con otras, la Catedral de Saintes y desde ahí a buscar sitio de zampa. Encontramos un restaurante que todavía estaba abierto y en el que había un montón de guiris como nosotros. Muy chulo, justo enfrente del ministerio de justicia. Cenamos genial; probé la especialidad francesa: sandwich croque-monsieur. De ahí, paseo de vuelta al albergue. Hay que decir que esa noche no fue de las mejores, mucho calor y cama enana. Pero bueno, la experiencia de pasar por un albergue estuvo bien. 26- JULIO: MIÉRCOLES. A las 8.30 tocamos diana. Nos levantamos como pudimos y nos fuimos en directo a desayunar (entraba dentro de la tarifa: 34euros/persona), café y tostadas, y zumo, el café fue mejor dejarlo en el primer sorbo…, madre mía!!!!, igualito al desayuno de casa Jáuregui…  Salimos rumbo a Tours con la idea de hacer parada en algunos de los castillos que pillábamos al paso, Azay le Rideau fue el primero. Antes de hacer el viaje nos aprovisionamos de comida tanto para desayunar como para comer en un super. Empezamos a ahorrar…, comimos de camino al lado de un río en una mesa de piedra. Nos recorrimos todos los pueblos de Francia y acabamos llegando al castillo a eso de las 4 de la tarde (mereció la pena, el camino se hizo muy chulo). Al llegar allí estuvimos a punto de no entrar…cobraban 8.50 euros la entrada, nosotros sólo queríamos verlo por fuera así que nos tocó pagarlo. Yo tenía el capricho de que Nacho lo conociera y después de ir hasta allí…a Nacho le encantó y a mí me dio un pasmo del calor, que hizo que me diera un ataque de hipo que me duró horas…, esto se juntó con un jaqueca horrible y si lo unimos al cansancio acumulado se puede decir que fue un día duro. Fuimos después al castillo de Villandry (conocido por sus jardines), con un calorazo terrible.  Nos fuimos para el Fórmula 1 de Tours. Después de acomodarnos y tomar contacto con el hotel decidimos hacer turismo para ver la ciudad. De la plaza central fuimos a la Catedral, una joya del gótico, preciosa y con la iluminación de la noche daba la sensación de que ganaba…, de ahí fuimos callejeando hasta la zona de la Iglesia de San Martín. Allí había una especie de feria gastronómica que nos levantó el estómago (mezcla de fritanga de salchichas con chorizos, ajos, …) Volvimos a la Plaza Central, que es el centro neurálgico del turismo, 20 turistas por metro cuadrado. Nacho se me agobió así que nos alejamos buscando un sitio para cenar, y para variar dimos 320 vueltas hasta decidirnos. Acabamos en un italiano muy chulo, con unas camareras encantadoras y con unos franceses a nuestra vera que chapurreaban castellano lo cual nos vino genial. De camino al hotel saboreamos un flash que nos supo a gloria. Y con esto acabó nuestro tercer día de vacances 27- JULIO: JUEVES Amanecemos a la hora de siempre, las 8.30. Después de una duchita nos vamos al Auchan (Alcampo español) para hacernos con comida para desayunar y comer; por 17 euros compramos de todo. Desayunamos en el coche y nos ponemos rumbo a Amboise; al castillo no entramos pero dimos un paseo por el pueblo que nos encantó. Muy turístico pero precioso. Vimos un par de Iglesias y cuando nos íbamos del pueblo, de rebote, se puede decir, encontramos la casa de Leonardo da Vinci; a la que preferimos no entrar (teníamos prisa y en realidad lo que ofrecía era un paseo por los jardines). Pasamos por Blois; todo el camino hasta el próximo castillo (Chambord), fue por el valle del Loira. Llegamos a Chambord a eso de las 11. IMPRESIONANTE, no se nos olvidará en la vida, madre mía!!!!, fue el castillo que se hizo Francisco I para ir a cazar, sencillito, tardamos 4 horas en verlo, os podéis hacer a la idea…muy monumental pero, a la vez, no perdía el encanto. Comimos a los pies del castillo en una sombrita, de lujo!!!  Con todo el sopor de la siesta que no nos echamos nos ponemos rumbo a París. Llegamos al hotel en el que nos alojamos a eso de las 7. El hotel un poco cutre, además no tenían la reserva hecha pero finalmente nos quedamos allí porque nos daban la posibilidad de que, aunque no teníamos ducha en la primera habitación, la segunda noche nos podíamos cambiar a otra con ducha (¡Ay, qué dura es la vida del viajero!). Al precio que costaba (34 €) y con lo bien localizado que estaba pensamos que no estaba mal, así que nos quedamos. Estaba limpio pero la verdad es que era más bien cutrillo, aunque nada comparable con la pensión de Córdoba… Nacho llegó con un cansancio y con un dolor de cabeza que lo único que le apetecía era tirarse a dormir, así que Pilar no lo dudo tampoco y se unió a la propuesta. Después de una siestita de una hora, de intenso calor, decidimos ducharnos en la “ducha comunitaria” y OOOHHH … cual fue nuestra sorpresa: No teníamos derecho a ducha, ni pagándola siquiera. No había y no había. Hay que decir que en las habitaciones del hotel la intimidad respecto a Water-Habitación era nula, bueno, la ponía una cortinilla que, evidente, dejaba pasar todos los ruidos y olores … jejeje … en la salud y en la enfermedad, … Nos damos un agua chumichurri y salimos a sondear la capital francesa, únicamente por los alrededores del hotel. La primera impresión no fue muy buena que digamos. Mucha suciedad, mucho encuentro entre razas ... Con los días, nos dimos cuenta de que son un ejemplo de convivencia en paz y que están perfectamente integrados. Acabamos en el bohemio Canal de Saint Martin lleno de gente bebiendo vino, momento que aprovechamos para planificar la ruta del día siguiente, que como podréis comprobar, no defraudará a la afición puesto que acabamos con los pies como dos pimientos morrones en plena ebullición. Viendo lo planificado, nacho ya estaba cansado y nos fuimos corriendo a la piltra para coger fuerzas para el día siguiente. 28- JULIO: VIERNES Amanece un nuevo y caluroso día. Los franceses soportan una ola de calor desde hace días, que nos estamos tragando nosotros también, como sino tuviéramos bastante con el solecito español. Viendo el problema del aparcamiento en Paris, (aquí también ha llegado la mano de Gallardón con la “Hora” de los güevos), así que, al ser Viernes, y dado que el Sábado el aparcamiento es gratis, decidimos usar el coche para visitar las afueras, en concreto Versalles Llegamos allí a eso de las 11 y después de jugarnos el tipo dejando el coche sin el ticket de la ORA (a España no nos llegan las multas…), fuimos hacia el palacio. Hay que decir que nos costó encontrarlo un triunfo, pasamos por al lado pero no lo vimos…y acabamos en las afueras buscándolo con Marta. Lo importante es que llegamos. Decidimos no entrar a ver el palacio por dentro (pq una guía del propio palacio nos recomendó mejor pasear por los jardines y entrar en los pequeños palacetes del pequeño y el gran trialon donde el rey echaba sus canitas al aire). Paseamos y paseamos, nos hicimos fotos, vimos fuentes, jardines cuidadísimos, flores y más flores, agua…, al llegar por fin a los palacios decidimos no entrar tampoco en estos porque no parecían merecer la pena. Con lo que sí me quedé con ganas, fue con entrar a los jardines de Maria Antonieta que parecían preciosos. Cosas llamativas que nos parecieron curiosas fueron, por ejemplo, que a los jardines de Versalles puede entrar cualquiera y así te encuentras a gente montando en bici, (menudo lujo, igual que en Madrid), o a un tío tomando el sol tirado en un explanada, con su toallita. Fue un paseo precioso. Decidimos comer en París. Nos encaminamos hacia allá y antes de proceder al tema fuimos a ver el Arco del Triunfo. Después de las pertinentes fotos y de la lectura de la historia del arco del triunfo que nos explicaba nuestra guía, buscamos un sitio donde comprar las tarjetas del aparcamiento (10 euros). De ahí al McDonald (ya por tercera vez). De ahí, fuimos a la torre Eiffel. A los pies de la misma, la gente sobrevivía como podía a la ola de calor, así que te encontrabas a gente bañándose en la fuente que había en los jardines. (madre mía me informa mi marido el ecónomo de lo que llevamos gastado..., menudo dineral…, y eso que vamos en plan guarri, bueno sin agobios, como él dice, disfrutar como lo estamos haciendo). Decidimos subir a lo más alto de la torre. Se nos fueron dos horas tranquilamente en hacer cola y subir a la misma, pero mereció la pena. Impresiona subirte a esa mole de hierro. Dimos un paseito hasta Los Inválidos y de ahí al puente de los Inválidos dejando un palacio de cristal a la derecha (¿??), llegamos a la Pza de la Concordia. De ahí subimos por los Campos Elíseos hasta llegar al coche parando de camino en un super para comprar cenita. Descubro ensaladas envasadas buenísimas. Nacho se decanta por queso y una frutita (ya está viendo los estragos de las vacaciones en su relajada barriguita). Acabamos cenando en el coche, encantados con el aire acondicionado y de camino al super hotel). Caemos esta noche rotos. 29- JULIO: sábado. Buenos días!!!!, nos levantamos a la hora de siempre. Sin ducha y sólo con un agua salimos camino a ver París. Desayunamos en un bar de camino al metro y hoy decidimos movernos en este medio de transporte. En primer lugar decidimos ir al Louvre. Cuatro horas echamos en el mismo pero creo que lo vimos casi todo (nos dejamos atrás la Venus de Milo). Obras que conocíamos: la Victoria de Samotracia, el Código de Hamurabi, la Gioconda, los toros alados, y algunos cuadros de los flamencos, del Greco, Velázquez y Goya. Tengo que decir que para mí fue un poco decepcionante no encontrar pinturas flamencas que me sonaran. Palizón, palizón. Nacho nos guió genial por el Louvre, cosa que yo no hubiera sido capaz de hacer, era medio imposible. Varios ambientes diferentes con varias plantas y entreplantas. De ahí, después de un pequeño descanso, nos dirigimos a la Iglesia de la Madeline (impresiona, por fuera no te esperas que sea tan bonita, es neoclásica por fuera, muy sobria) y de ahí a la ópera, también muy impresionante, Nacho se encaprichó con una foto con su amigo Heandel. De aquí fuimos al Panteón y de camino vimos la Sorbona. Los jardines de Luxemburgo los vimos en la puerta pero no entramos porque veíamos que el tiempo se nos echaba encima y todavía no habíamos subido al Sacre Cour. Decidimos coger el cercanías y nos pusimos allí en un periquete; el barrio era un poco “chungo”. Nos aprovisionamos con un flash y una botella de agua y así cogimos la energía suficiente para subir la interminable escalera que nos llevó allí. Una vista impresionante (la segunda más alta de París y un ambiente bohemio chulo aunque demasiado turístico para nuestro gusto). Estuvimos allí una media hora y decidimos bajar a la plaza de los pintores (rincón muy pintoresco, nunca mejor dicho). De ahí nos pusimos rumbo al coche. Para variar, visitamos el super más cercano y compramos cenita que nos la acabamos tomando en nuestro hotelico. Por cierto, hoy nos cambian de habitación. Pasamos a una categoría súper “con ducha” y probándola, nos despedimos hasta la mañana siguiente. Bonjour. Otro día más nos espera. Este va a ser más de carretera que de turismo. Antes de partir rumbo a Gante (Bélgica), nos tomamos un café con leche en el restaurante de debajo del hotel. Nos supo de maravilla hasta que nos dieron “la addittion”, 2,40 por café. OLALA.  Cogemos carretera y manta y ponemos rumbo a Bélgica. Vamos por la costa buscando la famosa Normandia, pero que no encontramos ni rastro histórico del desembarco ni nada que se le pareciese. A pesar de todo, arrivamos en Dunkerke para comer. Maldita hora en que “desembarcamos” en éste pueblucho. A la hora de aparcar, un bordillo traicionero nos metió un mordisco a la rueda del coche que nos quedamos flaseados. Puff, un reventón. Pues ala, saca todo del maletero y coge la rueda de repuesto y el gato y a ponerse manos a la obra. La verdad es que batimos record de rapidez y eficacia, puesto que era nuestra primera rueda para ambos. Llegamos a Gante a eso de las 6 de la tarde y decidimos hacer nuestro primer parón y tomarnos la tarde libre. Para cenar, salimos al casco antiguo de Gante, la temperatura comenzaba a ser agradable. Mucho más fresquito que en Francia. Por la noche, la temperatura era de 20 grados (Que maravilla !!!). El centro de Gante nos encantó. Pilar ya lo conocía pero disfrutó un montón volviéndolo a ver. En la búsqueda de restaurante, vimos bastante variedad pero decidimos optar por un chino, pero no como los de España, sino que era de calidad. Pedimos tanto como solemos hacerlo en Madrid, y tuvimos que dejar un plato prácticamente sin probar. Era todo en cantidad y en calidad. El paseo romántico por Gante se hizo obligado para bajar la comida … De vuelta al hotel, dormimos fresquitos y como benditos. 31 JULIO: DOMINGO. San Ignacio de Loyola. Felicitaciones desde España desde primera hora. De nuevo comenzamos el día haciendo la compra del desayuno y la comida, en el Super al más estilo Lidl porque fue el único que vimos. Hacemos turismo por Gante, viendo Saint Michelle, La Catedral, la Plaza Central y la del Castillo y paseamos por los canales. Como anécdota, contar que cuando íbamos de camino a pegar la suela de la zapatilla de la piluki, nos abordó un belga jubilado con bastante buena presencia y bastante cultura, “fiel amante de la cultura española” según nos dijo que nos soltó un speech sobre todo lo que conocía en nuestra España natal y lo que nos recomendaba ver en Gante, todo ello en perfecto Español. Despidiéndonos y dándole las gracias, nos quedamos fríos cuando nos comentó: “yo me iría con ustedes de brindar con unos vinos, pero compromisos con mi mujer no me lo permiten, así que pueden darme algo para tomarme un café yo sólo, les estaría muy agradecido” Toma yaaa!! Algo le dimos, que no mucho, pero nos sorprendió tanto … las personas mayores son imprevisibles. De ahí, nos fuimos a Brujas. Comimos de camino en una pradera verde, donde no dudamos en sacar nuestro aislante y tirarnos a disfrutar del campito. En Brujas, aparcamos cerca de la plaza central. De ésta vamos hacia la plaza del Ayuntamiento y la Basílica de la Santa Sangre, muy venerada por éstos lares. De ahí, dimos un paseo por los canales hasta llegar a la Iglesia de Nuestra Señora (que por desgracia estaba cerrada) y de éste al lago del amor. Todo el camino entre canales y puentes. Después, pasamos por la catedral. Cuando por fin decidimos coger un paseo en barco entre canales, resultó ser “muy tarde” y habían cerrado. Era la escalofriante hora de la siete de la tarde. A Pilar, le gustó mucho más Brujas que Gante (por la mejor conservación de la ciudad y la cantidad de rincones románticos que tiene). Para Nacho, sin embargo, ambas le gustaron bastante, ya que Gante, posee un centro urbano precioso. Vuelta al hotel y a dormir … Otro día más y nos vamos de camino a La Haya, a casita del hermano Luis 1 de AGOSTO: LUNES Llegamos a La Haya a eso de las 12 del mediodía. Con las indicaciones de Marta llegamos hasta la misma puerta de la casa de Luis. Allí estaba Marilós con el pijama y de limpieza por la casa. El día anterior se había ido una visita. Hay que decir que es como un hostal, mejor dicho, como un Hotelazo, no paran de recibir visitas. Vemos la casa, muy cómoda, alegre, moderna (mucha pijadita), pequeñita pero muy acogedora. Nos vamos a comer a un sitio típico de allí (no precisamente para turistas sino para los oriundos): el Simoni. Un restaurante en el puerto que simulaba un barco y donde se comía pescado fresco y se vendía también para llevar. Nos bebimos dos botellas de vino blanco, (más concretamente Pilar, que salí con una cogorza…), nos supo de maravilla, sobre todo teniendo en cuenta que no habíamos comido en condiciones más que en el chino y en Tours en la cenita en la pizería. Sitio, sin duda, muy recomendable. De ahí fuimos a recoger a Luis a Europol, qué ilusión verle en el curro allí!, un edificio con muy buena planta. De ahí a callejear en el coche ya todos juntos viendo las casazas de los embajadores, del barrio en el que viven Luis y Marilós. Impresionante, se respira tranquilidad, paz, ambiente tranquilo, mucha seguridad, todo el mundo en bici, bebés, niños, adultos, y ancianos y ancianas!!!!, Nacho y yo nos planteamos que queremos vivir así y que en Madrid en realidad malvivimos…  Damos un pequeño paseo por el Parlamento y de ahí vamos a tomar un cafecito a un sitio precioso, “el escondite” (ver fotos), sitio también muy recomendable tanto para tomar café como para cenar o comer y, donde descubrimos una nueva idea para nuestras cenas en el sillón de casa, una especie de mesa con patas pero sin estas (yo me entiendo). De ahí Luis nos dice que está muerto de hambre y que si nos parece bien va a reservar para cenar en un sitio llamado Rosarium, donde hay un restaurante de comida oriental, también típico para los holandeses. Menudo sitio!!!!, precioso el jardín lleno de rosas por todos lados, una maravilla, Luis nos coge la cámara y empieza a hacer fotos indiscriminadamente. A la hora en la que estábamos cenando (19.30) no teníamos ni pizca de ganas, como es evidente, habiendo acabado de comer a las 4. Se hizo lo que se pudo, era un bufette muy original. Lo más original fue que Nacho se dejó allí la tarjeta de crédito y se dio cuenta dos días más tarde. De aquí nos fuimos por fín a casita, ya apetecía…, unas cartas y a la cama... 2 DE AGOSTO: MARTES Este día decidimos descansar, así que por primera vez en muchos días nos levantamos a eso de las 10.30 de la mañana. Hasta la 1 aprox. no salimos dirección Ámsterdam. Mención especial merece ese desayuno andaluz con pan recién hecho, jamón serrano y aceite, zumito y café Express, una maravilla!, por fín un desayuno a lo español!  Al llegar a Ámsterdam nos aparcamos en un parking público cerca del casino y del Rijkmuseum (hay que decir que el parking tampoco es precisamente barato, 13 euros 4 horas creo recordar).  Nos dirigimos a la Pza. Damm por una de las arterias principales de la ciudad (…, vale, no recuerdo el nombre de la calle), mucho bullicio, mucho turista, mucho fumado y muchas compras por todos lados. Atravesamos canales y pasamos por el mercado de flores (también típico, donde aprovechamos para hacer algunas compritas de souvenirs y flores para la family), empezamos a ver coffee shop por todos lados además de bicicleteros. Yo con los dientes cada vez más largos al ver que cada vez nos quedan menos días y que todavía no hemos cogido una bici. Quedamos en hacerlo en la Haya el día en que nos la recorramos Nacho y yo…, quedo conforme y no vuelvo a dar la plasta. Llegamos a la famosa plaza donde el ambiente juvenil es el que la tiene dominada. Un par de foticos con el Ayuntamiento y el edificio Magna Pza (que está detrás de la misma); buscamos desesperadamente un sitio para comer. Mariló intenta llevarnos a un turco de high quality pero cuando por fín lo encontramos estaba de vacances, todos tenemos derecho!!!, así que acabamos en otro turco pero no de calidad, uno normalito como los muchos que hay en España. Seguimos paseando y nos dirigimos al Barrio Rojo. En él las calles se estrechan y se llenan de sex shop y derivados. Vemos los famosos locales del barrio rojo con las cortinas y los fluorescentes rojos y las prostitutas enseñando sus carnes. Todas las que vemos son sudamericanas de 50 años para arriba (o eso aparentaban). Se me ocurre hacer un foto a un local en el que no había ninguna de ellas exhibiéndose pero, aún con todo, recibí la consiguiente bulla de una de ellas que estaba en el local de al lado. Vamos hacia la estación central de tren (qué recuerdos me trae de mi interrail!!!), edificio precioso que merece la pena acercarse a ver. De ahí empezamos a bajar hacia el tranvía. Y de ahí al coche. Se puede decir que apenas vimos Ámsterdam. Yo pienso que a Ámsterdam hay que dedicarle la menos un día completo. De aquí nos encaminamos a La haya. Luis nos reclama, ha salido de trabajar y nos espera; cuando llegamos decidimos quedarnos de trankis de nuevo, jugar al karaoke que le acaban de regalar a Luis y partirnos de la risa oyendo sus dotes con la canción y la música…, madre mía!!!, cenita en casa y después charleta recordando tiempos jóvenes. 3 DE AGOSTO: MIÉRCOLES Para el día de hoy pensamos hacer el siguiente plan: llevar el coche al taller para arreglar la rueda, ir a Delf (donde Mariló ha quedado con una amiga de Europol, una Guardia Civil) y después ver alguno de los pueblos del triángulo dorado: Marquen, Bolendam y Leiden, o bien ir a ver Zanse Schans (pueblo que ví cuando hice el interrail y que me encantó). Quedamos con Mariló en que mientras vamos al taller ella se vaya a darse rayos. Pues bien, llegamos al taller y nos dice el tipo que hasta la tarde él no puede disponer de una rueda de recambio así que quedamos con él a las cinco de la tarde para cambiar la rueda. Subimos a la torre de la Iglesia vieja desde la que hay una vista de Delf muy bonita. Empieza llover. En la Iglesia están enterrados los reyes de Holanda (estilo nuestro Escorial). Desde allí ponemos rumbo al pueblo que tenía muchas ganas de que Nacho conociera, Zanse Schans. Lo cierto es que fue un poco decepcionante, ya estaba todo cerrado, no había un alma en las calles, la fábrica de quesos, el zuequero y los molinos estaban también cerrados y apenas vimos animales como todos los que vi cuando estuve la anterior vez. A pesar de todo mereció la pena, a Nacho le encantó. La conclusión es que hay que ir por la mañana y en un día (a ser posible) en que no llueva. De ahí tuvimos que salir escopetados para llevar el coche al taller (la puntualidad holandesa no es como la española, si se queda a una hora hay que estar a esa hora). Llegamos media hora más tarde pero nos atendieron. 4 DE AGOSTO: JUEVES: Amanecemos a la hora indicada; hoy estamos Nacho y yo solos para hacer la ruta por la Haya y para ir a ver Madurodam, la ciudad miniatura de Holanda. Merece la pena…, sobretodo si se va con niños, y yo, se puede decir, que vuelvo a la infancia viendo toda Holanda en miniatura, es impresionante!!!, canales, barcos que se mueven, cochas, aviones, catedrales, puertos…, todo a escala!!!, A Nacho le encanta y lo mejor es que aquello que hemos dejado sin ver lo vemos en pequeño pero como si fuera real, está todo imitado a la perfección (ver las mil fotos que hice) Echamos allí 4 horas y de ahí nos dirigimos a ver los jardines de la reina (que no encontramos) por lo que vamos hacia el Tribunal internacional de Justicia, que está muy cerca de la casa de Luis. De allí vamos a casa de L y M con la idea de recoger las cosas para salir a eso de las 15.30 hras. Cuando lo tenemos allí todo preparado, antes de irnos al trabajo de L para despedirle, firmamos en el libro de visitas que está prácticamente lleno. Vamos a Europol a despedirnos a L que nos regala souvenirs de su curro; un polo para Nacho y un peluche para el coche, al que bautizamos con el nombre de Poli. Les despedimos con bastante penita, sobretodo porque nos damos cuenta de toda la distancia que nos separa… Ponemos nuevo rumbo a Marta: Bruselas. Llegamos a las tres hras apróx ya que paramos a comer de camino. La impresión de Bruselas, al llegar, es que es una ciudad grande, con bastante inmigración (árabe en su mayoría, le sigue la presencia de sudamericanos, aunque nada comparable con París). Llegamos al albergue de jóvenes, llamado de Europa. Está a unos 25 minutos andando del centro de la ciudad. Había otro albergue que está más cercano pero no tenían habitaciones disponibles. La habitación tiene una litera y el albergue es grande, está bastante bien, aunque se nota que tiene mucha actividad. Tiene una cafetería grande, zona de conexión a Internet, un jardín, parking privado y no sé cuantas plantas, creo recordar que eran 6 o así. Desde nuestra habitación tenemos una vista chula. Coincidimos con un grupo gigante de españoles. Nos pegamos un duchón, (esta vez tenemos baño privado) y planificamos la ruta para el día siguiente, tenemos un montón de información de la ciudad, así que no resulta difícil, además yo recuerdo bastante bien los sitios que recorrí…, esa noche salimos a dar una vuelta por los alrededores del albergue; parecía como si estuviéramos en Marruecos o en Turquía…, mucha gente con aspecto de ser de por allá, mucho negocio de ellos mismos para ellos mismos (comida de sus países, tiendas en las que vendían chilabas, pañuelos para la cabeza…), pero nos sentimos seguros. Acabamos cenando en un turco en el que Nacho cenó tanto que se puso medio malo, una hamburguesa turca gigante con patatas que llenaban el plato y una bebida, todo por 4 euros, jur, jur…y de ahí a la piltra, la pillamos con muchas ganas, aunque el colchón estuviera duro y la cama fuera de enanitos. 5 DE AGOSTO: VIERNES. Amanecemos a las 8.30 hras. Nos vestimos y lavamos rápidamente para bajar a desayunar al bufette. Este estuvo mucho mejor que el de Saintes, lo cual tampoco resultaba difícil de superar. Cuando cogimos fuerzas, salimos para hacer nuestra ruta, a pata, por supuesto. Aparcar es tarea medio imposible. Vamos en primer lugar a ver la Catedral. Muy bonita, por cierto, gótica y recientemente restaurada. En su interior una exposición de fotos de los enlaces matrimoniales de los reyes de Bélgica. Nos queda claro lo monárquicos que son aquí. De ahí vamos a ver la Iglesia de Santa María, una Iglesia protestante de estilo bizantino que llama la atención porque está al final de una gran avenida. Después de mucho caminar hasta llegar a ella (capricho mío), estaba cerrada. Vemos los jardines del Palacio Real y el palacio en si. Del interior lo más bonito es la sala de los espejos que está llena de lámparas impresionantes. Nos sorprendió encontrar dentro una exposición temporal de experimentos estilo Cosmocaixa en Madrid; estaba bien pero la verdad es que no pegaba nada encontrarte eso en un Palacio. De ahí nos dirigimos hacia el palacio de Justicia, de camino vemos el Museo de arte antiguo (de pasada), el Parlamento, la Iglesia de Saint Severin, preciosa, me encantó, también gótica, pequeña, detrás de la misma encontramos la pza del….¿?, en la que encontramos un mercadillo de objetos antiguos. Llegamos al Palacio de Justicia desde donde hay un mirador desde el que se puede ver una bonita vista de Bruselas. De ahí vamos hacia la Iglesia del Santo Espíritu donde decidimos comer en el mismo sitio donde yo comí en el interrail, un italiano que ya no tenía el mismo aspecto pero que seguía estando bien.  Nos encaminamos a ver el Maneken Pis, el cual decepcionó a Nacho, no por su tamaño (del que ya estaba advertido), sino porque estaba vestido de niño scout o algo así. Entonces leímos en nuestra guía que es costumbre vestir al símbolo de la ciudad con distintos trajes durante todo el año. Visto el famoso muñequito, nos dirigimos hacia las galerías de la reina. Muy bonitas, llenas de tiendas de grandes marcas. De allí fuimos a la ansiada Plaza que llevaba queriendo ver todo el viaje. Impresionante, no hay palabras para describirla. Edificios del gótico bravantino, casas gremiales preciosas, un edificio renacentista, pero todo, en conjunto hace que ver esta pza rectangular sea un espectáculo. En la pza está toda la actividad turística concentrada. Estuvimos allí un buen rato deleitándonos. Y de aquí a otro sitio para seguir deleitándonos, una bombonería para comprar bombones belgas, madre mía!!!, los puedes elegir de uno en uno por sabores, como si fueran pastelerías. La marca por excelencia allí es Leonidas. De aquí fuimos camino del coche y en este trayecto me encontré a una conocida (profe de un cole, qué pequeño es el mundo!). Cogemos el coche para ir a ver el famoso Atomiun, que está a las afueras. Merece la pena acercarse a verlo, es muy característico de la ciudad. Unas cuantas foticos y decidimos volver al centro de la ciudad para hacer algo que no podíamos dejar de hacer en Bruselas: comer un gofre. Fue de lo mejor que pudimos hacer, disfrutamos como unos enanos golosos. El de Nacho de chocolate con nata y el mío de chocolate con plátano. Lo compramos en un sitio que tenían una cola importante pero se explicaba esta cuando veías cómo los hacían y cuando los probabas, los hacían allí mismo, delante de ti, la masa, indescriptible, todavía salivo cuando me acuerdo.  Y con esto acabamos nuestro día, después del gofre no quedaron ganas de cenar así que nos fuimos para el albergue a escribir el diario y a descargarnos fotos del viaje. 6 DE AGOSTO: SÁBADO. Salimos del albergue después de desayunar a eso de las 10. Nos dirigimos a Lovaina, ciudad universitaria que nos han recomendado. Lo más característico de la misma es la Plaza Central donde hay una Iglesia mucho más bonita por fuera que por dentro, y de la que sale una calle porticada muy chula. Fuimos a ver el ayuntamiento y los muchos colegios, Universidades y residencias. Coincidió nuestra visita con una feria gastronómica que cuando llegamos estaban montando por toda la ciudad, la lástima es que teníamos el desayuno en la boca todavía.  Después de ver Lovaina pusimos nuevo rumbo a Marta: Luxemburgo. Llegamos allí a eso de las 4 de la tarde. El enclave en el que está Luxemburgo es impresionante, metido en una hondonada, verde, todo muy verde. Marta nos lleva hasta el albergue que está en todo el centro de la capital, muy recomendable. Está nuevo y el aspecto es como el de un hotel más que el de un albergue; alquilan bicis, tienen sala wifi, con TV y con muy buen aspecto, muchas habitaciones que todavía huelen a madera, restaurante, con una terraza impresionante…, este albergue supera al famoso de Brujas. Nos dan una habitación con tres literas; elegimos dos camas de abajo, Nacho intenta echarse un rato la siesta pero no lo consigue. Aprovecho para darme una ducha y salimos a hacer turismo a eso de las 5. Hace bastante calor…, de las bicis desistimos, alquilar una bici aquí supone ser un auténtico Indurain, son todo cuestas. Vemos lo que queda de la antigua fortaleza, las casamatras, la antigua Iglesia, la Catedral y la Cripta y el Palacio real; todo de camino a la oficina de turismo. Cuando llegamos a la misma, nos informan de que ya lo hemos visto todo, OHHH! SORPRESA!!!, Luxemburgo se ve en una dos horas prácticamente. Así que decidimos tomarnos con tranquilidad el resto de la tarde, callejear y pasear…, cuando lo hacíamos llegamos hasta un tren que recorría la ciudad (típico tren ridículo turístico), así que pensamos cogerlo por si nos enseñaba algo que no hubiéramos visto y nos contaba algo de historia del país. Pero ná de ná, un robo. Nunca cogerlo, nada recomendable. Lo ünico bueno es que desciende hasta el barrio bajo de la ciudad, que no habíamos visitado. Pero lo que se dice de culturizarnos, nada, hemos caído en el timo del turista. De ahí nos fuimos hacia el albergue porque daban cenas hasta las 8 de la tarde. Y…menudas cenas, qué maravilla, cada cena por sólo 7 euros por cabeza y nos pusimos tibios…, nos la sacamos a la terraza donde se estaba de escándalo. Lo único que alteró nuestra tranquilidad y la paz del momento fue que se me ocurrió subir a la habitación a por algo de abrigo, y…¿qué pasó cuando entré en la habitación? Que nos la habían invadido, vamos que pensábamos que en un albergue de esa calidad íbamos a estar solitos y no. Nos tocó compartir la habitación con unos franceses y unos ingleses (Mr Jonson), menuda decepción, nos dio un ataque de risa nerviosa…, en fín, anécdota para recordar. Después nos fuimos a la sala wifi para tratar de conectar con el ordenador pero no fue posible. Así que nos conectamos con los ordenadores de allí. Hicimos las reservas para Suiza que todavía no habíamos hecho. La primera noche en la frontera de Francia con Suiza (en Saint Louis) y la segunda en el sureste de Suiza (Lausane). Terminamos el día hablando con gente del albergue, españoles…lo llenamos todo, estamos por todos lados. Con dos vascas muy majas y un tipo un poco rarete de Rivas que viajaba solo y que estaba deseando hablar con alguien, no había manera de cortarle. Estuvo bien. Y con esto acabó nuestro día, emparanollados porque no nos apetecía nada hacer una cosa que siempre deseábamos hacer, DORMIR!, nos rallaba la idea de dormir con extraños. Al llegar a la habitación los franceses ya estaban empiltrados, sigilosamente entramos y nos metimos en la cama. Nos costó mucho dormirnos, se puede decir que no fue el día que más descansamos y mira que el albergue reunía condiciones… 7 DE AGOSTO: DOMINGO A eso de las 7.30 tocamos diana, los franceses ya estaban despiertos desde hacía un rato, los ingleses seguían sobando (llegaron bastante más tarde que nosotros), fue la mañana que menos nos costó ponernos en funcionamiento y no porque hubiéramos descansado mucho sino porque estábamos deseando dejar la habitación y tomarnos un café que nos espabilara. Desayunamos y nos dispusimos a ponernos en marcha pero el coche se resistió un rato, le costó arrancar pero finalmente lo hizo, Puf!, pensamos que fue por el frío de la noche (que hizo bastante). Pusimos rumbo a Saint Louis. Paramos a comprar zampa y a comer por ahí en una estación de servicio y seguimos camino del Ibi. Llegamos a Saint Louis a eso de las 4 de la tarde, con un calor importante. Volvemos a quitarnos las chaquetas. Nos echamos una siesta de impresión (la necesitábamos) y después nos dispusimos a conocer la primera ciudad de Suiza, Basilea. Llegamos a la frontera y nos preguntaron hacia dónde íbamos, les dijimos nuestro destino y entonces ni siquiera nos pidieron los DNIs. Basilea es una ciudad bonita, grande, en la rivera del Rihn. Dejamos el coche en el primer sitio que vimos y después preguntamos a una pareja que vimos dónde estaba la oficina de turismo puesto que estábamos muy perdidos, no sabíamos qué había que ver allí y para colmo no teníamos mapa de Suiza, no se había cargado en la PDA. Los suizos muy majetes, uno de ellos nos llevó hasta prácticamente la Oficina de Turismo. La chica de la oficina de turismo hablaba español así que la interrogamos bien, y le compramos un super plano de carreteras de Suiza. Nos recomendó que conociéramos el Ayuntamiento, la catedral, la torre de ¿…? (que casualmente fue donde habíamos dejado el coche así que ya estaba vista). Vimos esto y nos asomamos al Rinh donde, para nuestra sorpresa, vimos a gente bañándose en el agua color chocolate, puf!, aquí también se ven bicis pero menos que en Holanda, el terreno no es tan liso. Callejeamos por las típicas calles llenas de banderitas suizas y de tiendas con navajas, chocolates y relojes, very typical!, los precios ya se ve como van subiendo aunque nos perdemos un poco con el cambio del franco suizo al euro. Zara llega hasta aquí!!! Y con Basilea vista a grandes rasgos decidimos volver al hotel y cenar en Saint Louis, ya que al ser Francia, es más barato. Desde el hotel vemos el canal internacional de TVE, así que vemos una peli española, de José sacristán y A. Sánchez Gijón, un drama. Después me estudio una ruta para hacer al día siguiente camino de Lausanne, la ruta de los tres lagos. Nacho se empeña en que vayamos a ver un glaciar pero le hago ver que no nos pilla de camino, queda para la próxima!!!  8 DE AGOSTO: LUNES Nos metemos en Suiza!!!, vamos serpenteando pueblos preciosos metidos en los Alpes. Decidimos hacer esto porque, de los contrario, para coger la autopista tendríamos que haber pagado 30 Euros (la vigente); en la frontera ya intentaron que lo hiciéramos pero les dejamos claro en un Spanglish que no íbamos a cogerla, el tipo no quedo muy convencido y se fue con nuestros DNIs a comprobar nuestros datos o a hacer yo no sé el qué. Cuando llegó fue claro (first exit, vamos que nos saliéramos ya de esa carretera!), así hicimos y mereció mucho la pena, el camino fue precioso. Vacas lecheras, montañas, valles, casas de madera…, viendo tanta casa vamos ideando cómo podría ser la nuestra en un futuro en el campo. Viendo todo esto volvemos a los mismos pensamientos que teníamos en la Haya, lo bien que vive mucha gente (refiriéndonos no a lujos ni nada por el estilo, sino a la calidad de vida que tiene toda esa gente, sin ruidos, respirando aire limpio, seguridad, tranquilidad, paisaje…)  La primera parada es en Murten, un pueblo recomendado en la ruta de los tres lagos. Es un pueblo medieval que está muy bien conservado, en lo alto de uno de los lagos. Parada muy recomendable. Allí callejeamos por las calles viendo las casas típicas y subimos a la fortaleza de la que se conserva una buena parte. Encontramos a los primeros españoles que vimos en Suiza, es curioso pero en este país no se ve mucho español. Compramos un par de ensaladas para comer (está muy bien, se venden preparadas ensaladas de todo tipo, cesar, del huerto…) y queso de la zona. Decidimos comer en un sitio desde el que hay una vista del lago preciosa . Llegamos a Lausane a eso de las 5 pero nos costó encontrar el pueblo exacto en el que habíamos reservado el hotel. Estaba a las afueras y no estaba muy bien indicado que dijéramos. En fín, después de muchas vueltas por fín llegamos. Nos pegamos un duchón y de nuevo nos tiramos a hacer turismo. Reconozco que ya empiezo a estar cansada pero nos lo tomamos en plan relajado. Aparcamos y vamos a ver una impresionante vista de Lausanne, con el enorme lago Como y con los Alpes detrás, un espectáculo, la pena fue no poder ver bien los Alpes porque estaba. De ahí fuimos hacia la zona centro, vimos la Catedral (otra más, menudo hartón) y preferimos no ver nada más cultural. Empezamos a buscar un sitio para cenar y acabamos haciéndolo en un buffete de allí. Tú te cogías lo que querías y luego te cobraban al libre albedrío, yo salí bien parada (una pizza muy buena por 9 euros pero lo que fue Nacho…, se cogió una salchicha con un poco de arroz y una ensalada que tenía una pinta de llevar hecha 4 días que daba de todo, y más cuando le cobraron 15 euros por el chustiplato. De nuevo intentamos conectarnos a Internet con la PDA ya que estamos en zona wifi pero no lo conseguimos, para variar! Con esto acaba nuestro último día en Suiza. Mañana pondremos rumbo a Mónaco. 9 DE AGOSTO: MARTES Buenos días! Hoy hace un buen día, y además se nos ha secado la super colada que hicimos el día anterior. Recogemos maletas, ya estamos hechos unos máquinas y cogemos el coche. El día de hoy nos reserva unas cuantas sorpresas (eso por ser nuestro aniversario desde que empezamos a salir). La primera sorpresa del día nos la dio el coche al intentar arrancarlo y ná, que no arranca. Lo intentamos en reiteradas ocasiones y nada. Decidimos tirarlo por una cuesta que tiene el hotel (bendita cuesta!), en nuestro intento sale un italiano a ayudarnos, pero no arranca; Nacho sigue intentándolo tirándolo por otra cuesta más y cuando quedaba un metro escaso para que esta acabase por fín arrancó. Puf!!!!, el Mondeo no nos podía dejar tirados en un día que le esperaban muchos, muchos kms. Paramos a comprar el desayuno en un pueblo y ya que nos ponemos al final hacemos la compra también para la comida y nos llevamos hasta souvenirs para la family. Ponemos rumbo a Ginebra. A eso de las 12 ya estamos llegando allí. En el trayecto hasta allá no dejamos de ver el gran lago y unas casazas impresionantes a la rivera del mismo. En Ginebra aparcamos y nos guiamos por el plano de la ciudad que tenemos en el mapa de Suiza. Vamos a ver la Biblioteca Nacional y aledaños, un parque muy bonito, la Catedral (no podía ser menos), las calles comerciales donde hacemos una parada de urgencia en un centro comercial porque mi momento allbran (o como se escriba) ha llegado después de tres o cuatro días. Se ve mucho nivel en esta ciudad, la gente viste muy bien, se ve una ciudad con mucho movimiento, mucho trabajador pero no curritos. Ginebra la atraviesa un río, hacemos alguna foto en uno de los puentes y decidimos dar por terminada nuestra visita relámpago a la ciudad. Ponemos rumbo a Mónaco. Comemos en un parque en el que unos atrevidos están haciendo vuelo sin motor y el aeropuerto de estos avioncitos de cartón está a nuestra vera por lo que nos entretenemos viéndolo, todo con el fondo que nos ofrecen los Alpes. Después de comer pensamos que el ir hasta Mónaco nos va a suponer desplazarnos unos 600 kms más de nuestra ruta por lo que preferimos no ir hacia allá y poner rumbo a Marsella que nos pilla más de camino así que…carretera y manta, nos quedan unas cuantas horas. Algo más tarde nos lo pensamos mejor y optamos por poner rumbo a Montpellier pasando por Avignon, ya que , total! Qué iba a haber en Marsella además de jabones? (en realidad es que ya teníamos ganas de acercarnos a España por fín a descansar). En nuestra ruta de unas 6 horas nos acompañaron una familia de alemanes que conducían un Zafira y que aparecían y desparecían como el Guadiana. Nos hicimos como compañeros de carretera y cada vez que los veíamos después de haberse desviado de nuestro camino hacíamos una fiesta. Finalmente en Avignon tuvimos que separarnos, una pena!. En Montpellier nos decidimos a buscar alojamiento para dormir porque no habíamos hecho reserva en ningún sitio porque “mola ir a la aventura” (Nacho). Paramos en un área de servicio en el que había por lo menos 4 hoteles: fórmula 1, Etap, primera clase, Ibi, Novotel, …y …¿Cuál fue nuestra sorpresa? Que no había habitaciones en ninguno, no nos lo podíamos creer! Eran sólo las 8 de la tarde!, un tipo que se paseaba por allá se nos acercó para ofrecernos una habitación en Montpellier pero no nos dio confianza así que le dijimos que se buscar a otros. Lo que no sabíamos en aquel momento es lo desesperados que íbamos a estar hras más tarde. Hicimos e hicimos kms, nos enfadamos, nos equivocamos de carreteras, preguntamos y preguntamos en hoteles pero nada, que no era nuestro día, que el romanticismo del aniversario nos hizo que acabáramos durmiendo en el coche. Sí, en el coche. El romántico paradero seleccionado fue meter el coche entre un contenedor de basura y un árbol en un pueblo de la geografía francesa que debía estar en fiestas: Beziers. El caso es que a mí me costó encontrar la postura más de una hora pero Nacho estaba tan agotado que, sorprendentemente, cayó al instante y hasta 6 hras más tarde no abrió el ojo. Pues sí este fue el final de un aniversario que no se nos olvidará en un tiempito. . |